jueves, 25 de abril de 2013

© Odilón Moreno Rangel


Breve currículo
Candidato a maestro en Ciencias de la Educación en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Actualmente me desempeño como profesor de la Escuela Normal Superior Pública del Estado de Hidalgo. He participado en diversos congresos nacionales e internacionales con investigaciones educativas y de religiosidad popular. Mi obra literaria publicada se encuentra en revistas electrónicas como Letralia, Resonancias y Remolinos.

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Un día en la vida de un escritor.

A pesar de que Altagracia Martínez era un fantasma se desplazaba inestablemente por las habitaciones de la casa. A la difunta le acompañó a su nuevo estado el síndrome de Ménière y la sordera que padeció en vida. Sin embargo eso no era limitación para que se deshiciera en atenciones a Soponcio. Antes de que el escritor pusiera un pie fuera de la cama la abnegada mujer madre ya le tenía preparado un abundante desayuno. No importaba que Soponcio protestara Altagracia Martínez no abandonaba su cometido: hacer feliz a su retoño. Sin embargo su mala audición y el vértigo le hacían equivocarse continuamente. En la comida llevaba capullos de oruga fritos con huevo en lugar de tortas de flor de garambullo que tanto agradaban al creador. Soponcio había pensado que la muerte de su madre lo liberaría de su molesta presencia y no fue así. Ella seguía como si estuviera en vida. En principio el literato intentó resignarse y seguir con su intensa y lastimosa vida de creador junto con el ánima de su madre. Escribía y escribía sin parar; revisaba y revisaba una y otra vez sus escritos para verificar una y otra vez que tuvieran consistencia interna, que no le faltaran o sobraran ideas, amén de las correcciones de estilo. Pero su tarea era interrumpida a cada instante por el murmullo del espectro.
–Mamá ya vaya a descansar –decía Soponcio con infinita paciencia–. Lo que hizo en vida por mí ya es suficiente. Tiene que ir con los otros parientes.
–No mi niño –contestaba la mujer con su cavernosa voz– hasta que seas un gran escritor y te den el reconocimiento que mereces, no cualquier papelito o un dinerillo que se te va en segundos, me iré.
Entonces Soponcio seguía escribiendo. Inventaba una y otra ficción, luego hacía reversiones de las mismas. Tenía miedo de que se le acabaran la imaginación y no supiera para donde llevar las historias. Probaba miles de variantes. Todas exquisitamente ingeniosas pero ninguna lo satisfacía. Sus múltiples narraciones y revisiones se entreveraban con los bocadillos que la esmerada Altagracia Martínez le ofrecía con tanta atención; con el crepitar que hacía el espectro al tratar de mantener todo en orden y limpio. Entonces sucedió lo temido por el creador, no supo para dónde crear, y las interrupciones de su madre no paraban. La situación era insostenible y Soponcio pensó en dejar de escribir y marcharse a cualquier lugar.
–Ni se te ocurra –dijo Altagracia.
–Ni se me ocurra qué mamá –respondió en voz baja el escuálido escritor.
–Te escuché.
Soponcio pensó que se trataba de un desvarío más de su difunta madre, así que hizo caso omiso a los comentarios y emprendió el camino de salida de su casa. Deseaba respirar, sentir aire en su rostro, reconsiderar lo que escribía. En verdad el miserable de Soponcio no sabía para dónde escribir. Pero una gigantesca tortuga se plantó en su camino y no pudo pasar. "Sin duda se trata de mamá", pensó el escritor. Sin otra alternativa caminó dolorosamente de vuelta a su cuarto.
–Escribe bien, no dejes de hacerlo –dijo la aparición.
Soponcio estaba al borde de un colapso. En un acto de desesperación el escritor tomó unas impresiones en papel que había realizado de algunas de sus obras y las empezó a tragar. Luego siguió con unas novelas de autores centroamericanos. El esquelético creador tragó, tragó frenéticamente hasta que la garganta se le congestionó, hasta que sintió que el aire no llegaba a sus pulmones, hasta que esas miles de palabras impresas en celulosa transitaron a su sangre. Fue en ese preciso instante en que pensó el escritor “puedo escribir de mi madre y de mí”.



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Marca registrada.

Soponcio hace la parada al transporte colectivo y sube. Dentro de la pequeña nave viaja una infinidad de personas con distintos atavíos y humores corporales. "Si supieran quién soy dirían ", piensa el escritor. Después de unos minutos Soponcio desciende del vehículo. Camina hacia el centro comercial de Huehuetla. El creador viste un pantalón de algodón cuya textura está desgastada; una playera que anuncia un producto local para la construcción de casas; y en la cabeza porta una gorra del sindicato de docentes de Huehuetla, sindicato al que no está incorporado. El insigne creador llega a un singular establecimiento comercial. Mira el aparador. Hay cientos de artículos –ropa, vasos, platos, gorras, llaveros, fotografías, libros y muchos más– en los que aparece la imagen de Soponcio Martínez. Soponcio Martínez es una marca registrada.–Señor, en qué le puedo ayudar –dice un jovenzuelo que viste una playera color naranja con un estampado en el pecho de Soponcio sonriendo–. ¿Busca algo en especial?–Sólo miro –responde Soponcio.–Disculpe ¿ya conoce a Soponcio? –Dice el joven. Soponcio no sabe qué decir.–Si usted recién conoce a este asombroso escritor –continúa hablando el joven– yo le puedo ayudar a profundizar en su vida y obra. Mire estas fotografías, son exclusivas. Por cierto mi nombre es Marco y con gusto le atiendo.El joven enseña a Soponcio una fotografía donde Soponcio está abrazado con Saúl, el cantante y guitarrista de los Caimanes. Marco narra una extraordinaria historia en el que la prestigiosa estrella de rock de Huehuetla y el portentoso escritor se conocen. Después el vendedor muestra un sin fin de objetos que supuestamente Soponcio empleó en ciertos momentos importantes en la creación de alguna de sus famosas ficciones. Por ejemplo el bastón de la madre del escritor, Altagracia Martínez; el smartphone en el que Soponcio escribió sus primeras microficciones; y otros increíbles objetos. Soponcio Martínez queda sorprendido por los relatos de Marco, le parece que son metaficciones del propio Soponcio. Soponcio ríe. Piensa que su compadre Cucharón Matías ha realizado un extraordinario trabajo al comercializarlo y mantener su anonimato. El creador saca unas monedas para darlas de propina. Marco mira profundamente al escritor y con la mejor de sus sonrisas dice:–Disculpe señor, no puedo aceptar. Conserve el dinero. Mejor tenga. Es cortesía de la casa.Soponcio toma el libro que le extiende el joven.–Léalo –dice el joven–, le va a cambiar la vida. Es la primera colección de cuentos de Soponcio. Soponcio inspira y verá que usted será un mejor hombre.El escritor se indigna y trata de liberarse de la absurda situación en la que se encuentra.–¿Sabes quién soy? –Dice Soponcio de manera enérgica.–No señor. Pero es un gusto conocerlo.–Soy Soponcio Martínez.–Lo siento señor –dice Marco con toda amabilidad– pero usted es el Soponcio número 25 de esta semana y le tengo que decir lo mismo que a los otros. Soponcio Martínez es una marca registrada. Si usted intenta lucrar con el nombre se verá en serios problemas legales.–Sí –dice Soponcio de manera mecánica, no esperaba algo así.– ¿Es usted profesor?–Cómo lo supo.–Por la gorra.–Pero yo... –balbucea Soponcio.–Hágame caso señor –dice Marco–. Usted me cayó bien. Lea a Soponcio y mejore su vida. Tal vez hasta sea un mejor docente, le hace falta a Huehuetla.Soponcio ya no habla, sonríe y se retira de la tienda en silencio con uno de sus libros bajo el brazo. Piensa que tal vez el joven tenga razón.




Más del universo literario del autor en:
http://issuu.com/teskatlipoka

viernes, 19 de abril de 2013

María Ibarra


EL RUIDO DEL AGUA

¿Qué hacés acá sentado con todos estos perros?, me preguntó una vieja.
Se me escapó un perro, contesté.
¿Estos perros son tuyos o los paseás?
Los paseo.
¿Y hace mucho que se te escapó?
Hace un rato, diez minutos.
¿Y qué hacés que no lo vas a buscar, hijo de Dios?
Es muy rápido, no lo voy a alcanzar.
Yo recién vi un perro comiéndose un gato. Un gatito, un bebé. ¿No será el tuyo, no?
¿Cómo era?
Era un monstruo. Quise llamar a la policía pero mi nieta odia a la policía y no me dejó. Tuve que salir a la calle, a respirar un poco. No sé para qué una cría una familia, para esto. Y ese perro ahí, dando vueltas, matando gatitos… parecía un animal de otro planeta.
Entonces debe ser él.
¿Y qué hacés acá sentado, querido? ¡Anda a buscarlo, es tu responsabilidad!
Tuve un presentimiento y corrí sin parar hasta el río. Vi a mi perro cerca de la orilla, ladrándole a la corriente luminosa. Tenía el hocico salpicado de sangre.
Mataste un gato, perro hijo de puta, le dije.
Era el gato o yo, dijo él.
¿Cómo? ¿Cómo que el gato o vos?
Era el gato o yo, volvió a decir.
Una fuerza, un ruido agitó el agua. Un ruido insportable que nos dejó sin palabras.





SENTIRES RAROS PERO COPADOS

Una vez me metí un perro entre pecho y espalda.
Se llamaba Tyson y su dueña me pidió que lo llevara a casa de una perra, para que la sirviera. Tyson estuvo de mal humor durante toda la caminata. No quiso entrar en la casa y tuve que llevarlo a rastras hasta el jardín.
No será puto ese animal, dijo el dueño de la perra, riéndose.
¡No soy puto!, gritó Tyson. ¿Por qué no te la cogés vos a tu perra?
La perra se revolcaba entre los canteros, mostrando la panza.
¿Cómo dijiste?
Dije que te la cojas vos a tu perra, gordo pelotudo.
¿Cómo? ¡A mí ningún maricón me falta el respeto!
Está bien, dije interponiéndome, Tyson está cansado, venimos otro día.
No voy a volver nunca, cójansela ustedes.
Tyson saltó la reja y desapareció.
Y justo Tyson le van a poner, flor de puto, se burló el tipo manoteándose el bulto.
Encontré a Tyson en la plaza del barrio, jugando con una banda de perros de la calle. Le hice señas con la correa y me ignoró. Uno de los perros se encaró conmigo en su lugar.
A ver si te llevás a tu perro de acá, que es un denso ese animal.
No creo que pueda. No quiere venir.
Tyson saltaba y tiraba tarascones en son de paz pero el resto del grupo se dispersaba, agotado.
Te vinieron a buscar, loco, andate de una vez, le dijo el perro que me había hablado.
No quiero irme, yo me quedo con ustedes.
Pero nosotros no te queremos. Volvé a tu casa, pajero.
Las casas están todas gastadas, ¡no tienen más nada que ver conmigo! Déjenme que me quede en la plaza por lo menos, no me importa que no me quieran.
Tyson, vení conmigo, le pedí. ¿Qué vas a comer? ¿Quién te va a curar si te enfermás?
Escuchalo a tu dueño y andate.
No es mi dueño, yo soy mi dueño. Tengo sentires raros pero copados. Tengo sueños sofisticados y un destino especial. Así que váyanse todos a la mierda.  Soy mejor que él y mejor que ustedes y me voy a quedar donde se me antoje el orto.
La jauría, despabilada por el agravio verbal se le vino al humo. Yo me tiré encima de Tyson y lo cubrí con todo mi cuerpo.
¿Qué hacés, boludo?
Te cuido, Tyson.
Yo me los banco solo.
Ellos también son especiales, te van a destrozar.
Lo imanté con mi olor y lo absorbí por los poros abiertos hasta encajarlo entre mis arterias.
No entiendo por qué hacés esto, me dijo ya más tranquilo.
Porque creo y siento igual que vos, le contesté, bancándome la paliza con su mismo orgullo.


CORRO, NO CORRO, DICE LA SANGRE


¿Quién me legitima? ¿Quién dice que vale la pena que abra la boca? ¿Que anote, que mire a los demás y anote? ¿Que saque conclusiones cada vez más en punta?
No es uno solo el que se adjudica mi permiso. Pero actúa como uno, un organismo. Por encima y por dentro de todos y es viejo como la sangre. Es el papá de la criatura.
¿Por qué entonces no puedo vivir al ritmo de mi propia sangre? Es una sensación, es discutible. Como el tiempo, la sangre corre como el tiempo, lento o rápido depende de uno, del fastidio, del cagazo.
Entonces pongamos que voy por detrás. Cansada, desfasada. El colectivo cada vez más despacio. La concha de tu hermana, chofer. Qué jodido ir por detrás de tu biorritmo, de tus necesidades. Miro por la ventanilla, qué despacio va todo. Menos los árboles. Los árboles corren independientes del velocímetro. ¿Qué será? El poder de la voluntad. Un principio subversivo, una magia. Estoy re cansada de la magia también.
Después llego donde sea que tengo que llegar, me siento de nuevo, o me paro. Hago lo que tengo que hacer. Espiada por la sangre que se queja de lo lento que voy. Qué poco progresaste. Qué mal que invertiste tu talento. Es culpa del colectivo de mierda, pienso. Y del poco permiso que me dieron. Es culpa de los padres. Del padre del colectivo.
No, me dice la sangre. No es culpa de nadie. Fijate bien, boluda, no hay nadie.
Es verdad, no hay nadie. Todo lleno de árboles y sin nadie.

viernes, 29 de marzo de 2013

Marilú Ferro


CUATRO ELEMENTOS

Una a una
las distancias que camino
simplemente
en ambiguos artificios.
Si supieras
como estallan mis oídos
dulcemente
entré en un trance perdido.
Sigo la ruta
un obstáculo me ha herido
sutilmente
cicatrizan los vestigios.
Si supieras
mi alimento no es la tierra
suavemente
a veces el aire tienta.
Y en el agua
se agudizan mis certezas
hábilmente
se van lavando mis penas.
Si supieras
que nadar no es mi destreza
lentamente
llegarías a mi esencia.
Poco a poco
el fuego extingue la niebla
raudamente
callarán mis emergencias.
Percibiendo
los elementos que vibran
cada cuerpo
es un mundo que camina.


BURBUJA

Leve, aérea, sutil
amiga del presente
sublime frenesí.

Conocer el fin
risueña agonía
por morir feliz.

Transparencia
instante, porvenir
efímera presencia
secreto de vivir.


IRREAL

Te acompaño a encontrarte con mi alma
ya verás, amiga, no hay peligros
al nivel del suelo, por debajo
o a la simple altura del conflicto.

Yo te vi regresar desde otro sitio
y no reconocí ya tu mirada
secuestré mi lado más sombrío
para entender, al fin, que todo pasa.

Lo irreal no tiene desperdicio,
¡qué mal conduzco yo entre la tiniebla!
y sin embargo, encuentro algo de alivio
es que así soy: ni tan mala ni tan buena.

Humanidad de los actos elegidos
y nadie puede huir de las opciones
yo sé qué dije o hice, yo decido
del amor, este soplo, en tu nombre.


QUIENES SOMOS

Quienes han estado dormidos
quienes han sabido callar
quienes han negado tres veces
quienes han podido torturar
quienes han sido derechos y humanos
quienes han buscado otra verdad
quienes han robado niños
quienes han vejado con crueldad
quienes han muerto en el exilio
quienes han festejado aquel mundial
quienes han sido detenidos
quienes han matado sin piedad
quienes han sido desaparecidos
quienes han perdido su identidad
quienes han caminado la Plaza
quienes odian hoy mirar atrás
quienes aún buscan a su hermano
quienes aún viven sin saber amar
es la secuela de treinta mil muertes
es la semilla de la triste humanidad
somos todos parte de lo mismo
de la memoria un testigo o un puñal.


AGUA

Vida de las vidas
en sintonía,
mostrando tus vertientes
tan pura y cristalina.
Te das sin aviso
limpiando todo mal,
fluyes en paz y cobijo,
conexión dulce y fetal.
Alivianas las cargas
en tu mecer infinito
o devastas, indicando
cada tiempo de peligro.
Un deseo he de pedirte,
reina de toda la tierra:
transfórmate en primavera
allí, donde bebe el niño
que no conoce la escuela.
Elemental y fresca,
poderosa y bendita.
Escurriéndote en las manos
como la vida misma.


MORIR DE RISA

Me miraste perplejo,
yo reía forzando mi garganta
fuiste testigo
de otra muerte de pie, la necesaria.

Ya había ocurrido,
aquel registro fiel de mi nostalgia
cayó rendido
para tu asombro, tal vez, era mi rabia.

Parecías desconfiado
mis argumentos no siempre son mi espejo
y disfrutarlo
es, a tu modo de ver, algo incorrecto.

Pero era tarde
y yo reía acabando con el resto
por otro inicio
resucitar es el momento más intenso.

Es la tristeza
el buen pretexto a tanta vida anestesiada
pero en mi alma
la tristeza se muere a carcajadas.

Ivan Rusch


Del libro inédito “El nido renunciado”

 

 


Córnea negra

 

 

Cebados los inquisidores castellanos en una ojeada,

 

un destello de lucidez prófugo que una negra triste dio,

 

esa de caderas de mármol, tierra mojada la carne,

 

esa la guerra civil de trayectoria vital,

 

raza anfractuosa,

 

a los castellanos subyugas con el ojo.

 

Porque son tus uñas de adobe, ribereña animal,

 

las que marcan, de verdad en verdad, la confluencia

 

del Uyacali con el Marañón. 

 

Rompe, córnea única, la pragmática geodesia castellana,

 

corre por su arteria como eres, como de ayahuasca, 

 

liberadora de memorias del caucho explotado. 

 

 

Sí, en algún siglo. Ya no dan las cuentas para llegar a la cifra, ¿verdad?

 

La certeza de los cuerpos desatados, señor. Ellos saben más. 

 

 

Arráncales la cabeza, córnea, como chancho salvaje

 

que el olvido ha transmutado en odio, desatina

 

los pasos de los bufeos, comanda sus tropas,

 

abre con sus lanzas de engaño

 

sus árboles de castellano vientre. 

 

 

 

A mí déjame esta gabarra, 

 

que río abajo buscará los anatemas de chamanes fusilados.

 

En la pólvora quemada ya los dragones de Iquitos. 

 

 

¿Señor?

 

Fusilen a los dragones. 

 

¿Señor?

 

Fusilen a los dragones. 

 

 

 

 

La indolencia de las casas

 

 

Qué puede uno contra una estampida de nubes, 

 

una bayoneta de grito, una sonrisa de caña y filo,

 

el ojo certero del mustio ministerio,

 

donde sor tras clérigo se suceden los cabellos del otoño.

 

Corre tras ellas, querido, dales caza. No llegarán hoy al Paraná.

 

Qué clase de discordante prisma

 

que busca una fractura

 

que desangre al hueso.

 

No la vida o la ópera, no la tragedia o la máscara,

 

sabrán olvidar todos que mi dolor,

 

como soprano sombra, como perro de agua,

 

degolló una vez los restos

 

que la poesía aun en su féretro guarda.

 

Fractúreseme la sangre, viértase por los laberintos del llanto,

 

que como sabueso imposible seguiré hasta las mismas raíces.

 

 

¿Sería más simple para ti conocer mi sonrisa?

 

Lo sería, pero, ¿Por qué? ¿Por qué no sonríes?

 

Pides demasiado. No tendrás sonrisa. Corre hacia el muelle.

 

Allí los marineros doblan el horizonte.

 

 


 

Naturaleza de los bergantines, carambolas de besos.

 

Quebraré el fino labio del horizonte. Indiferencia infinita.

 

Corro tras la liebre desollada, abro la vagina de la tierra,

 

aspiro el semen de los rosetones centinelas,

 

mino con lágrimas las estepas latentes. 

 

Ya es tarde. Cierro el pecho, la sonrisa en la telaraña

 

de la amargura ya una carta 

 

y de mi mano una guillotina.

 

 

 

El ser y la tumba

 

 

Yo que desarraigo los caminos echados a las lágrimas, que aflojo los tornillos de la luna, oxidada de parvos ojos, de gritos para arriba, de agua estancada en los osarios, yo que lato con el hígado en una pica, con los nervios cimbreados por las eras, ojeo la fiebre y la levanto del manual a la carne, levanto el rayo a la boca de la expresión, friso la soledad hasta la cerviz, muerdo mi puerta, pateo el aullido de las manadas, fluyo por la tinta amarilla, de enfermedad amarilla, verde o lapislázuli, ¿Acaso a los gatos en los umbrales les importa? ¿A los amantes por sangre expulsados? ¿A los que del día han hecho un nido? No. No interesa si dreno la leche de la cabra soberbia o si golpeo mis ojos con el séptimo signo de septiembre. Creer es fe ciega o amor que fluye. Ser es eso que besarán nuestros hijos en la boca de sus segaderas y sobre nuestras tumbas. 

 

                                                                                             -Amor es ceniza.

 

 

 

 

La taza del rey

 

 

Sobre el pecho arrugado la locura divide la sangre;

 

en su ojo izquierdo sulfura, como el azufre en vientres de lunas muertas,

 

la tristeza entera;

 

el derecho guarda la voz de la fibra real.

 

Han pasado los pastores húmedos con las lluvias sureñas

 

y acabaron ocultando los rostros entre la carne del rebaño:

 

no hay oro en los morrales ni gloria en las huellas:

 

tu yelmo yace hendido, fútil rey:

 

tus legendarias monturas han volado hacia la garganta del invierno,

 

donde raspa el anhelo de vino y de amanecer furioso.

 

Indivisibles las bocas dulces, que de tres en tres 

 

arrojabas al fondo de tu opalina taza, serigrafiada con ríos y cabellos:

 

pozo demencial hacia donde rodaban las cabezas que tu amante más fiel, el verdugo,

 

supo desprender de tan preciosos cuerpos.

 

No me recordarás, ni mi canto:

 

vengo de más allá, de tus días rampantes y tus horas afiladas,

 

de la tierra que violaste con tu impulso de toro liberado:

 

soy de esa sangre que no es mía pero que mancha mis ojos:

 

observo tu descenso infernal con los dedos en nudo.

 

Pasados los años y las murallas, conservada la bravura como vegetal deshidratado,

 

te ves, gris, subiendo hacia tus labios tu última taza

 

en cuyo fondo reposan los fragmentos de tu memoria:

 

Tiembla la mano real y la taza cae. La rodilla ha besado el cielo.

Sebastian Baez


Alternando, deviniendo, intercambiando  entre el zigzag emocional que dibuja un horizonte prometedor casi tanto como un trágico final, desde donde los pobres y los ricos se descosen a los bajo un mismo grito  de dolor, tanta hipócrita suposición que dibuja el final,  no nos da más fe que la de saber por fin que nos encontraremos perturbados, separados  evidentemente de nuestra propia experiencia placentera o tan hundidos en ella que no podemos ver lo que nos rodea por más que extendamos la cabeza por fuera del hoyo, como un respiro cósmico que se extiende día a día entre los ojos  de las convictas personalidades que nos mendigan un poco de nuestra satisfacción  inevitablemente costosa , en mucho de los casos nosotros somos también un mendigo mas.

Entre tanto y tanto la política vivencial se desdibuja en  miradas y posibilidades, juegos y conspiraciones, poderes y luchas alternando  entre la propiedad ajena y la de aquellos que con tanto desinterés parecemos formar la vasta región que estos bajo la tutela de algún símbolo sistemáticamente nos alimentan de esperanzas, presos y encadenados, nacionalizados y bautizados  somos mercenarios, esclavos entrenados para luchar y servir, en nombre de un símbolo inmaterial que responde todas nuestras preguntas materiales.

Descomponemos la racionalidad de las cosas a través del análisis crítico y fortuito del lenguaje que nos sirven en bandeja mediante el alimento informativo de cada día. Papeles que afianzan nuestra inmolación natural, dibujan el horizonte de nuestras expectativas, de un lado o del otro ni si quiera se puede considerar algo fuera de nuestro enemigo común, otra pata del mismo poder que vigila a  nuestras espaldas, expectante a nuestro error.

Ya estuvimos fuimos y volvimos a caer indeteniblemente en el mismo espiral, un túnel temporal dimensional y exploratorio que recorre nuestra inevitable secuencia, vivir es más o menos un juego ciberpunk, la cosa esta en que nos vamos moviendo siempre moviendo, hacia alguno de esos lugares, entre medio de uno de esos personajes, saltando por sobre alguna barrera que se dibuja entre nuestros horizontes y hundiéndonos hasta el fondo en cada oasis de satisfacción.

perso percibe


Ebrio!

Ebrio-sismo!

Sismo-revuelta, vuelta hecha dismos.

etcéteras lineales, emanación primera los busca.

Agazapados en la ladera, en los lindes-conciencia, los sin-borde esperan, recapitulando debidamente porque viene historia -hacer huellas- hectárea entera. Nueva.
Cada parte, cada célula mana, entrega soles. Claridad, delicia otra vez.
Aquello percibía el recuerdo.
Bebían de el al momento nacía.

Acontecimientos, digestiones pausadas.
Aparición. Espacio-pliegue.

Espumaban sustancias de sueños, sueños tibios, reflexión y confección de aquella bebida, (la que arrima) la que trae y forma pliegues. Mundos-pliegue que están y brindan esa conciencia (des)alterada a la que adentran. Entrada.


*
eco



*

Ráfaga de intensidad invisible.

-Pero todos la vimos-

Todos vimos como pasaba sin ser vista.

Como caminaba
descalza en la arena,
haciéndose
y deshaciéndose
Plena.

Rastros difusos.
Incuestionable intensidad-silencio
reinaba la escena.
Era tanto el sonido leve,
era tal su estadío,
que abandonada al éxtasis
se dejo arrullar por las voces..

Apenas una lejana percepción de lo otro

(lo de siempre)

Apenas
la libre expansión,
apenas
el borde que se estira
y bosteza su existencia.

 

Oh silencio de triple brahma, todo en rededor gotea a grandes rasgos tormenta.

 

Transmuta tierra transmuta.

 

 Va ella lleva también trae y es todo puro corazón de abisales torbellinos sub-tierra grano engranaje de cíclope ojudo a boquiabierta facción del desentono y tus ruidos expresiones amorfas solo fas-fas y quiebra la unidirección micrófono ambiente ceguera temporal de aquello sin siquiera prescripción de gafas

zancudo y patituerto en el baile abominal del terremoto fluorescente ¿quién somos? a que danza en profundo trance pez-foco colorea y pasa como si no le importara o tase nada y tratando a cien mil diez o cencerro de psicoactivación la membrana-ancestro en lo desnudo baila y sigue sigue bailando ya la música es imperceptible puesto que a grandes rasgos tormenta todo gorgotea y hace humos de levación refulge oh deidad celebratoria ágape sensorial y la molécula grita aulla eleva el volumen a toda potencia maquinaria carbonada o vaporosa sudan los metales sudan las piedras todo entretejido en imaginarios sololicios puesta en escena escandalosa.

 

 

Glosolalia aulla y mira hacia todos lados  -hay tanto para ver que no consigue ver nada-    suspira y sigue camino hacia la cima de grandes graves cementadas escalinatas oh alfombra! ¿eres tu que vuela? volaron entonces como truenos cruzando el cielo de un momento a otro era solo sin palabras y simplemente aquello percate ensimismado de la zancuda y pregunta: ¿cuan largo ha sido tu viaje? te trajo el viento te trajo la luna y aquí solo admiramos tu telar y deslumbra tu veneno apacible cumple la función solitaria engendrando hilos que unan las cosas que atrapen a distraidos o a peregrinos minúsculos  en bóvedas húmedas gigantes fragiles mantos de arañas que escapan por la noche ante la mínima presencia...

 

 

El motivo era cantado melodía en ronda blanca de mascaras y disfraces precipitar tristezas para obtener apenas algunos granos de sal -sal blanca y sedienta- lista para confundirse en dones cercanos vivos palpitantes en la risa o atractor de jojos con prestamos hipotecarios te hipoteco esta atención te valga un recuerdo o dos o cuantos varios de apetito satisfagan y llevo entonces las cegadoras luces de la aprobación, oh sofoquito! Copiosa escena en donde la competencia es el enemigo y el pedestal difuso es merito conjunto.

 

Si accionan rotor de risa o guerra si mancia sortilegio de lectura apropiación o equilibrio ecualizarse a sí mismo con respecto de la emisión la precisión y nitidez desde una antena afinable rectificante oscilación en frecuencias material color forma densidad sentido obturación del lente entelequia tripartita!

 

Búsqueda instante de momento a momento la dimensión se expande los sentidos y reflejos que allí adquirimos como mixtura se adhieren a la formula y el caldero es tan grande y esta tan lleno y nosotros particlos de luz a tientas formulando no mas diagramas mapas esquemas sino simposios y festejos que acerquen aquello otro.

 

 

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Desde la escalera..

*

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Allí a-el camino, 

aquí a-el camino.

 

(Le miraban perplejos)

 

Allí rocío, 

aquí gotas.

 

(Le sonrieron)

 

Las gemas,

tesoros miniatura

en forma de hoja,

en forma de espuma,

viento-perfume

bosque-corteza.

 

El dia eleva,

la noche transporta.

 

Equilibrio perfecto.

 

Horas

Minutos

 

Tictacsitos sonámbulos

que vienen a esmero,

corren apresurados

“no nos olviden”.

 

Ser siendo

mecanismo o proceso.

 

Bailar en el borde.

Siempre.

 

Equilibrio perfecto.

 

Y esos ojos extraños miran,

-Tiemblan ante la luz del foco-

 

La pequeña dosis

La turbulencia.

 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Marcos Antonio López Zaragoza



DATOS PERSONALES

Marcos Antonio López Zaragoza nació en Málaga, el 18 Septiembre de 1973.

CP 29631 Benalmádena (Málaga)

e-mail  hepamo22222A2”@telefonica.net

www.novelasmarcosantoniolopez.wordpress.com


 Ya de joven , destacaba en Literatura. Su afición a la escritura empezó con la poesía. Sus primeros versos fueron dedicados a su novia Mónica, ahora su mujer. En su obra influyen escritores clásicos como Miguel de Cervantes, W.  Shakespeare , G. Adolfo Bécquer, Miguel Hernández, William Blake y Charles Dickens.

Este primer libro surge gracias a sus dos hijas, ya que  les contaba cuentos cuando eran pequeñas. El escritor no quiere que estos relatos queden en el olvido y quiere compartirlos con vosotros.

Este libro Aventuras en Cieloazul y Citymar ha sido publicado en agosto 2012 por

Editorial Círculo Rojo.
 









O J O S    V E R D E S



En un pueblecito alejado de la gran ciudad y rodeado de altas montañas y grandes árboles, vivía un gatito al que le llamaban
Ojos Verdes.

El pueblo se llamaba Cieloazul. Allí vivía Laura, una niña de siete años, muy tímida, morena, de cabello largo y dulce mirada.

Un día Margarita ,su madre, le dijo :

“Laurita ,cariño mío, toma este dinero y compra el pan. No te entretengas mucho ” .

— ¡Sí mamá!, no te preocupes.

Caminando cuesta bajo se encontró, para su sorpresa, con el famoso Ojos Verdes.


— ¡Hola Ojos Verdes! ¿Qué haces por aquí ?, ¿ me acompañas a comprar el pan ?
Para su asombro, el gatito empezó a seguirla como si la hubiera entendido.

Llegó a la tienda de María, para comprar su pan como todos los días.

—María ponme dos barras de pan y dos bollitos pequeños, por favor.

— Sí cariño.

— ¡ Qué gatito más bonito tienes !

— ¡ Sí ,es mi mascota, se llama Ojos Verdes !

De regreso a casa, Laura oyó una voz ronca, que la dejó helada.

— ¡Oye niña dame un poco de pan! Miró a su alrededor y no vio nada.
—¡ No me ves ! , mira hacia abajo niña.

Laura se llevó un gran susto ,no pensaba que los gatos pudiesen hablar.

—¡ Puedes hablar!

—¡ Pues sí, sé hablar ! o ¿tú no conoces , por ejemplo ,el famoso

Gato con botas?

— Sí , claro.
—Pues yo también hablo.

— ¿ Por qué te llamas Ojos Verdes ?

— Si me das un trozo de pan te lo cuento.

—De acuerdo , ¡toma !

— La gente del pueblo me llama Ojos Verdes por mis ojos, pero no son de nacimiento, ya que nací con los ojos negros , te explico.

Hace unos años, cuando yo era muy pequeñito , era muy juguetón y perseguía toda clase de bichos y cosas que se movían a mi alrede- dor. Un día estaba observando una mosca e intentaba cogerla sin resultado ,así que me subí a una parra que estaba pegada a la pared del patio de mi casa. Era de noche y había luna llena. De repente, una salamanquesa se comió la mosca que yo perseguía, me enfadé mucho y al querer darle un zarpazo, en ese mismo instante me es- cupió un líquido, que me salpicó en los ojos. No podía ver nada , me picaba mucho . El dolor hizo que perdiera el equilibrio y me cayera de la parra.

Me fui corriendo a cuatro patas y metí la cabeza en una charca que había por allí cerca, quedándome dormido hasta el amanecer.
Cuando desperté tenía hambre y me fui a buscar comida a la plaza, donde las abuelitas solían dejarme, casi siempre, algo para comer.



Una de ellas se acercó a mí y me dijo :

“ Oye gatito , ¡ qué ojos verdes tan bonitos tienes ! ”.
Yo pensé : “ Esta abuela está ciega , yo tengo los ojos negros ” .

Me quedé con la duda y para quitármela me subí al asiento de la moto del chatarrero y me miré en el espejo retrovisor. Para mi sor- presa comprobé que mis ojos eran tan verdes como los de una man- zana. En ese instante recordé que fue por culpa de la salamanquesa. También a partir de ahí tengo la habilidad de comprender el habla de los humanos y poder comunicarme , si lo deseo.

Tú eres la primera persona con la que hablo ,no se lo cuentes a nadie por favor.

Por cierto, ¿ cuál era tu nombre ?

— Me llamo Laura.

— Encantado de conocerte Laura, ya nos veremos, ¡hasta luego!

—Muchas gracias por contarme tu maravillosa historia Ojos
Verdes, ¡hasta luego!

Media hora después de salir a comprar el pan , Laura llegó a su casa.

— ¿ Laura ,hija mía, por qué has tardado tanto en ir a comprar ?

—Nada mamá ,porque he estado jugando con un lindo gatito que me encontré de regreso a casa.


A la mañana siguiente Laura pensó si toda esa historia de la sala- manquesa era verdad o no.

El patio de su casa tenía muchas plantas y flores: margaritas amapolas ,helechos , una palmera , geranios, etc.
Un atardecer se quedó mirando fijamente la pared de su terraza, para ver si veía una salamanquesa.

El tiempo pasaba y sólo se veían hormigas en hilera subiéndose por las ramas de los árboles y llevándose comida en sus poderosas bocas.

También, se oía :la música de los pájaros que se recogían a la puesta de sol, la brisa del viento y el revolotear de unos murciélagos cazando insectos. Sin embargo, nada de salamanquesas, pero justo cuando se iba a ir muy triste a la cama, de repente vio una gran sala- manquesa.

— ¡ Por fin he visto una !

Estaba muy asustada , pero las ganas de comprobar si era de ver- dad la historia de Ojos Verdes podían más que su miedo.
Se acercó hacia la salamanquesa y la miró fijamente , no ocurría nada, Laura impaciente levantó su mano. La salamanquesa cuando la vio levantar la mano , abrió la boca. La niña quiso tocarla para ver si le escupía, sin embargo se llevó un mordisco de la salamanquesa.

— ¡Uuuuhhh, aaahhhh!

— Cariño, ¿qué te pasa?

— ¡Me ha mordido una salamanquesa en el dedo!

—Déjame ver, ¡no hay nada! , sólo tienes el dedo un poco rojo. Yo te lo voy a curar y le pondré una tirita, no te preocupes.
— ¡Uuuaaaahhh, uuuuaaaahhh!

— ¿Por qué sigues llorando, hija?

—Porque la salamanquesa no me ha escupido.

—Pero, hija mía, eso son leyendas populares, las salamanquesas no suelen escupir, ni dejan calvo a nadie.

—Yo pensaba que podía cambiarme el color de mis ojos.

—Hija mía, tú tienes unos ojos verdes muy bonitos, no te hace falta cambiarlos para nada.

Laura se fue a la cama muy apenada, pensando por qué Ojos
Verdes le había mentido y no funcionaba con ella.

Un día, paseando por el pueblo, Laura vio Ojos Verdes y le explicó lo que le había ocurrido.


El gatito le respondió que al tener los ojos verdes, la magia no había surtido efecto sobre ella. Por ese motivo la salamanquesa en vez de escupirle le dio un pequeño mordisco.
Laura quedó profundamente agradecida y muy contenta.

Ojos Verdes y Laura se hicieron muy buenos amigos y disfrutaron de muchas aventuras en el maravilloso paisaje de Cieloazul.
 

lunes, 4 de febrero de 2013

Adrián Yanzón

 
 
Reseña del Libro “Otras Puestas del Ocaso”
 
Un extremista en un descampado.
 
Adrián Yanzón nació el 20 de febrero de 1964. Formó parte de la banda de rock Los Pillos en los años 80, donde sus letras y su voz diseminaban oscuridad en el horizonte ecléctico y desaforado  del  grupo. Los  Pillos editaron  un único  disco  en  1987,  hoy  por  hoy  de  culto  e inexplicablemente aún sin su versión en CD. Después de la disolución del grupo Yanzón recorrió un largo camino en el cual, entre otras experiencias, se dedicó a aprender y tocar música celta y a escribir sin interrupción. Nunca dejó de incursionar en el rock.
 
Otras puestas del ocaso forma parte de una etapa de su vida, coincidente con los crípticos “noventas”, años en los que la escena del rock no ocupaba el mismo espacio que en la década anterior,  la  literatura  iniciaba  un  proceso  de  estancamiento  y  la  política  no  resultaba  un ámbito que invitase masivamente a comprometerse. En aquellos momentos de restauración conservadora, la poesía parece haber resultado para Yanzón un ámbito “protegido” lejos del mercado, el público y cualquier otro fantasma de la industria cultural burguesa.
 
Lejos de las históricas preferencias de la academia, los editores y la prensa especializada, la publicación de estos poemas -que son sólo una parte de su voluminosa e inédita obra- viene a cubrir una significativa brecha editorial, porque tanto la forma como el contenido de los textos resultan  poco  comunes,  y  porque  además  producen sensaciones  extremas  y  significativos “efectos de realidad” en el lector.
 
Autodidacta de formación, en sus textos se aprecian sus lecturas fragmentarias, sesgadas, recortadas  por  el  fuego  de  su  pasión  casi  jüngueriana,  y  por  su  desesperada  búsqueda personal   plagada   de   preguntas   y   certezas   dramáticas.   Cargado   de   “declaraciones   de principios” y portador de un individualismo extremo y provocador que coquetea con la misantropía, el trabajo parece por momentos una especie de “Manifiesto del Unabomber” en donde, de manera paradojal, aparece cierta ternura infantil.
 
La poesía de Yanzón posee un carácter polémico, puesto que en su estructura -filosóficamente romántica- priman la añoranza y la reivindicación de un supuesto pasado épico y bárbaro en dónde el instinto legislaba y se imponía por sobre la razón de los seres humanos. Anclado en el “desencanto del mundo” Yanzón escribe con fruición desde una posición de fuerte repulsa a todo lo que la modernidad y el capitalismo implican, con la violencia de un Sorel y con una marcada impronta vitalista de tipo nietszcheana.
 
En su trabajo con el lenguaje desecha prácticamente todo artificio y virtuosidad verbal en favor de expresar una exaltada y particular noción de justicia que se encuentra omnipresente en toda su obra. La angustia que le genera una época que rechaza y la sensación de agobio ante  las  relaciones  con  el  otro  contribuyen  a  cincelar  de  una  manera  artesanal  una  voz
inconfundible e inclasificable dentro del panorama de la poesía actual.
 
Otras puestas del ocaso no debe ser leído en una clave orientada a la búsqueda de cánones estilísticos y de belleza, su valor y ulterior trascendencia no residen allí, sino en la brutal y tenaz interpelación que nace de contemplar el estado de decadencia civilizatoria que Yanzón denuncia y en el esfuerzo y la tensión poética que se suscitan en el lector al tratar de asimilar sus enunciados.
 
Incómodo y por momentos consternado, pero nunca desatento a sus imágenes y sus frases- látigo uno se ve obligado a preguntarse: ¿Yanzón se desdobla al escribir?, ¿cuál es el límite entre un acto de habla natural y uno de simulación en su poesía?, ¿es su propia voz la que habla o está produciendo otra que no necesariamente la representa?, ¿dónde está el límite entre vida y obra?...
 
Más allá de esas cuestiones, la obra de este autor que quizás se piense a sí mismo como el poeta-legislador de una patria futura resulta más que recomendable, porque con su sobrevaloración de la religión y del mundo de lo irracional Yanzón mantiene, casi a la manera de un Kierkegaard, la tensión trágica en el tren en marcha del optimismo secular-progresista.
 
Las jóvenes generaciones rebeldes e insumisas, tienen ahora al alcance de la mano la oportunidad de acercarse a un trabajo que venía circulando de manera caótica y subterránea. Exhumados por nosotros, y reeditados por Milena Caserola, ven nuevamente la luz los textos de un poeta único y controversial que tributa en los márgenes.
 
Marcelo Summo*
 
* Marcelo Summo es sociólogo e historiador. Se desempeña como docente e investigador en varias casas de estudio. Fue colaborador en diversos medios alternativos y ejerció la crítica cultural. Ha publicado artículos en revistas académicas, capítulos de libros y dictado conferencias tanto en la Argentina como
en el extranjero.
 
 
 
 



 

Otras Puestas del Ocaso

 

1-

 

Odio la semilla roja del Liberalismo burgués

que quitó a los dioses de nuestra corriente vital,

caímos en la ignorancia de aquellos que nunca soñaron con el vino de viejos imperios, ni pintaron símbolos en el vientre de las cavernas.

 

2-

 

No conozco mi nombre, la música del apellido, ni el escudo de armas. Apenas respiré el aire de este mundo, fue un sonido similar al

llanto, una exclamación de despedida, porque la matrona, a pocas

horas, me colocó en brazos de los que serían mis padres putativos hasta hoy, mediando muerte,

ellos, los otros, fueron reales, biológicos, treinta seis años más tarde,

en labios de una vieja temerosa, como confesión culpable. Pero

no la acusé, comprendí, limpié el cristal donde me reflejaba, se inició mi verdadera rebelión contra

el universo y sus fundamentos grasientos.

 

3-

 

¿Puedo tomarte empujarte a huir

de la colonia de aves enfermas atraparte por los brazos

contra un árbol buscar tus labios y besarte

con un permiso tácito y recorrerte

en soledad

como la lengua lo hace con las palabras?

 

4-

 

Provengo de un sitio que mi memoria no recuerda, es desesperante,

pero puedo vivir este presente...

Armas intrínsecas... Nuestro nervio no soporta el canibalismo... Ahítos... Creo que los hombres nos

hemos tornado una plaga sin luces, mazas zombis... Investigo los símbolos tradicionales difundidos por

la entidad humana a través de las culturas míticas e históricas, los oleajes políticos, la propaganda mediática, la pop área, sin que esto sea sinónimo de adherir a militancia particular, como inquietud del

alma, siguiendo las huellas del sol invisible, polar, hiperbóreo.

 

5-

 

Acostó a sus hijos

me tomó de la mano me llevó a la cocina apagó cuidadosamente

los restos de la vida cotidiana

 

(vigilia)

 

me miró fijo en silencio

la boca entreabierta

 

(espasmo)

 

la besé con amorosa crueldad

 

(eréctil)

 

se entregó a la locura del tacto traición consciente

no importa nada más sólo importa la piel

 

(viaje)

 

intemperie ancestral

y la disolución fantástica de tomarla

después de años

 

(oscuridad)

 

justo ahí ahí

donde prepara los alimentos

de sus hijos.

 

Mañana el estío golpeará, pero no me hará daño.

 

6-

 

Mis hermanos son lobos mis confidentes

cuervos

la nieve mi piel

la brisa mi aliento el mar mi sangre el valor

mi moral.

 

7-

 

Apropiado de sueños los de mi hija

que ve a su abuela

poseída por un sesgo maligno transfigurada en herido gato negro siento compasión

tal vez

la gente del chivo quiera obsesionarme para estar al tanto

por si soy un falso cristiano refutado por Jesús…

 

8-

 

No tengo amigos

sí cercanías espirituales

(no conocidas

por persona alguna)

la foto de Guevara Lynch gigante en la Habana

el setentismo bestialidad armada derecha-izquierda mortuoria triple A

el sable corvo de la oficialidad argentina masones

teorías conspirativas

(tiradas a la corriente de la vida previsible)

la ley de la selva

la ley de los reptiles

se hunden absurdamente tétricas

como la liberación tradicional de los tibetanos

o los teósofos

o la revolución cultural de Mao o la necesidad de Gandhi

por controlar el sexo.

 

 

 

9-

 

No soy padre, no soy hijo, no soy blanco, no soy negro, no soy bonehead, no soy sharp, no soy

fascista, no soy socialista, no soy comunista, no soy democrático,

no soy capitalista, no soy heterosexual, no soy homosexual, no

soy bisexual, no soy ateo, no soy religioso, no soy pacífico, no soy violento, no soy hippie, no soy punk, no soy humano, no soy animal, no soy casado, no soy soltero, no soy divorciado, no

soy esclavo, no soy poeta, no soy

un trabajador, no soy tú, ni siquiera yo.

10- Llevan

el cadáver del gorila

sesenta kilómetros

carne putrefacta televisada sesenta kilómetros

el cadáver del gorila llevan…

sesenta kilómetros y

una masa de simios en primavera con palos y revólveres

se mata por un lugar frente al palco.